Era una noche oscura, apenas se podía caminar por la
ciudad, callada, vacía y sin esperanzas, dando pasos cortos con un abrigo de
piel que le permitía soportar -20° centígrados. Se encontraba Anne Kriles, quien salió de su
trabajo muy deprisa, ya era tarde, le había tocado limpiar más de lo normal;
ese viernes estuvo muy concurrido en el restaurante de su tío Albert.
Cuando iba llegando a su casa, notó una sombra que
pareciese que le estaba siguiendo, tomo una marcha más rápida, y prosiguió a
llegar más rápido. Anne vivía sola desde los 20 años de edad, se consideraba
una persona independiente y quiso comenzar a trabajar desde temprana edad,
desde entonces abandonó su casa ubicada al sur de Francia. Su tío Albert le dio
la oportunidad de trabajar como mesonera de medio tiempo en su restaurante de
comida italiana, ubicada en la extraordinaria ciudad de París.
Hacia pocas semanas Anne había terminado con su novio
Alex Mirró, quiénes tenían 5 años de relación, esto la venia torturando desde
entonces. Alex la engañó con una chica de su vecindario, cuando Anne se enteró
de aquello, abandonó esa impetuosa relación y decidió quedarse sola, aun su ex
novio le seguía llamando, y enviando algunos correos pero ella jamás respondió.
Cuando llegó a su casa notó que una sombra se escondía
dentro de los arbustos de su jardín; de inmediato entró y cerró todo con
llave.Subió a su habitación y se dispuso a bañarse para dormir y descansar de
aquel día tan pesado. Cuando estaba cerrando la ducha, escuchó un ruido en su
cocina, esto le preocupó un poco, se colocó su bata de baño tomó un bate de
béisbol y bajó.
Al parecer solo había sido su gata pelusa, entonces no se
anticipó a pensar que había sido alguien, cuando de repente escuchó unos pasos,
en ese momento golpearon su cabeza y no recordó nada más.
Al despertar, con un inmenso dolor, observó que ya no se
encontraba en su casa, era una habitación muy oscura y apenas se podían
observar algunos guantes, cuchillos de todos los tamaños y además se divisaba
un hacha.
Ella estaba amordazada, amarrada completamente a una
silla, unas cuantas lagrimas cayeron en su rostro, ella no entendía porque la
podían haber secuestrado; no tenía dinero y tampoco enemigos, al menos eso
creía.
De repente unos pasos se acercaron a ella, era una
persona con una máscara que seguramente utilizó el Halloween pasado, no parecía
un secuestrador profesional, más bien parecía ser un juego.
Anne desconcertada totalmente del asunto que le estaba
ocurriendo, hacia ruidos para ver si se
apiadaban a soltarla, lo que parece hizo enfurecer más a aquel individuo que
aún se desconocía su procedencia.
De momento observo que estaba afilando un cuchillo.
Anne pensó:
-¡Oh no! me asesinará
Se acercó hacia ella e hizo un contacto del cuchillo con
su cuello, haciendo que sudase y temblara del miedo.
De pronto pudo ver sus zapatos, y al parecer les eran
conocidos, tal vez de alguien muy allegado a ella.
Alex, si es Alex ¿Por qué me está haciendo esto?, se
preguntaba Anne cada rato.
De repente al quitarse la máscara se trababa nada más que
de un cliente que ella una vez atendió en el restaurante, y se había opuesto a
salir con él.
-Oh por Dios el Sr. Robinson, ¿Qué es esto?
Él le comentó que ninguna chica le rachaba una cita y si
no le creía que viera el resto de la habitación, encendió la luz y habían
cientos de cadáveres disecados colgando de la paré, todas eran mujeres.
A Anne le provocaron nauseas, y no paraba de llorar.
De inmediato le quitó la mordaza y le preguntó:
-¿Tus últimas palabras?
Ella respondió
-¡Por favor no me mate!
En ese preciso momento el Sr. Robinson alzo el brazo
sujetando un hacha afilada, y le quitó la cabeza.
Desde entonces todos los días el Sr. Robinson va al
restaurante del tío Albert y no deja de preguntar por Anne Kriles.

